¡Dollywood! ¿Existe?
En muchos países del mundo es obligatorio doblar la película de idioma extranjero al idioma oficial del país consumidor
Etzel Báez
Dollywood, cambiando un poco el concepto, vendría a ser nuestro mercado cinematográfico, un nicho comercial creado por un público que prefiere consumir lo criollo a lo foráneo. Y los hechos están ahí, ninguna megaproducción hollywoodense ha logrado superar en público a películas como Perico Ripiao, Andréa, Nueva Yol, Un Macho de Mujer, y ni siquiera a La Maldición del Padre Cardona. Ni hablar de las ventajas que han obtenido los piratas.
Yo suelo ver más de una vez las películas nacionales, y me gusta verlas en los cines donde puedo hacer filas interminables porque es ahí donde me entero de las motivaciones, y lo mejor es cuando dentro del cine la gente habla sin parar o a la salida hablan de sus impresiones. Suelo enchinchar para obtener reacciones (un día casi me matan porque dije que Roberto Angel era un “malísimo actor”, por supuesto que era para provocar, pero me salió el tiro por la culata).
En muchos países de lengua diferente al inglés, las películas de habla inglesa son dobladas al idioma autóctono de esos países, lo que trae una mejor aceptación y amplía la demanda. Es muy poca gente la que se aventura a ir a “leer” cine, y en aquellos que dominan el inglés, pues les fastidian los subtítulos. Lo mismo sucede con las peliculas en televisión donde las más vistas son las dobladas.
Los norteamericanos se han dado cuenta del fenómeno, pero siguen mandándonos las subtituladas, lo que probablemente les hace perder público. Creo que no hay más cabeza dura que la de los negociantes majaderos del cine que no se ponen a una para doblar al español (sin acento) para latinoamericanos. En muchos países del mundo es obligatorio doblar la película de idioma extranjero al idioma oficial del país consumidor.
(Quizás este factor fue uno de los que produjo pérdidas a La Fiesta del Chivo, pues probablemente la versión pirateada doblada al español vendió muchísimo más que boletas de cine para verla.)
Me dicen que ya hay cineastas criollos contemplando la posibilidad de hacer películas para vender en dvd, cd, y vcd. Creo que el negocio es posible, si contamos con una buena distribución apoyada por los “mochileros” y excelentes ventas a partir de clientelas de bodegueros de Nueva York (que entiendo son más de 9 mil bodegueros). Pero también está el negocio vía internet. De manera que quien tenga prensa, radio, televisión e inversionistas, es seguro que tendrá éxito; pero por supuesto primero debe disponer de buenas historias y mejores guiones. Público hay por cientos de miles. Por ejemplo, si alguien logra hacer un filme a un costo no mayor de un millón de pesos, puede que gane varios millones más en lucro (existen obras de teatro y otros espectáculos con costos millonarios y que no alcanzan a pagarse si no es con patrocinios).
Pues bien, uno de esos ejemplos palpables es René Fortunato. Quien conoció la realidad económica de este cineasta 25 años atrás, sabe que vivía de un sueldo bajísimo e insultante para su talento y profesionalidad. Hoy es el mayor documentalista del pais y el cineasta con mayor éxito comercial, con una planilla de clientes envidiable y una distribución de sus filmes que es el anhelo de cualquiera de nosotros. Nadie le dio nada, él lo conquistó por sí mismo con trabajo y talento.
De manera que proporcionalmente, DOLLYWOOD es una realidad desde el punto de vista del valor de mercado de las peliculas criollas con relación a las foráneas.
Creo que la mejor manera de describir su impacto es afirmar que las películas nacionales son paradigmas del negocio cinematográfico, independientemente de su calidad artística. Y como paradigmas es que poco a poco se estan convirtiendo en el único negocio posible para las salas de cine.
Pero he aquí que esas películas tienen en común algo verdaderamente interesante y de lo que yo hablaba en artículos anteriores sobre la verdad del arte cinematográfico. Cada una de esas historias, de esas películas dominicanas con excelente éxito de público, tienen como común denominador que más que contar historias son películas sinceras, no la sinceridad de ser auténtico o talentoso, sino por el sentido que realmente importa: la de creer en lo que se está haciendo, de creer en que sus historias son buenas y así las plasman. Esas son las cosas que el público percibe sin necesidad de conocer las claves del cine.
Y eso, solo eso, es lo que impulsa mi admiración hacia todo el que hace cine en este país.
Fuente: Clave Digital
Etzel Báez
Dollywood, cambiando un poco el concepto, vendría a ser nuestro mercado cinematográfico, un nicho comercial creado por un público que prefiere consumir lo criollo a lo foráneo. Y los hechos están ahí, ninguna megaproducción hollywoodense ha logrado superar en público a películas como Perico Ripiao, Andréa, Nueva Yol, Un Macho de Mujer, y ni siquiera a La Maldición del Padre Cardona. Ni hablar de las ventajas que han obtenido los piratas.
Yo suelo ver más de una vez las películas nacionales, y me gusta verlas en los cines donde puedo hacer filas interminables porque es ahí donde me entero de las motivaciones, y lo mejor es cuando dentro del cine la gente habla sin parar o a la salida hablan de sus impresiones. Suelo enchinchar para obtener reacciones (un día casi me matan porque dije que Roberto Angel era un “malísimo actor”, por supuesto que era para provocar, pero me salió el tiro por la culata).
En muchos países de lengua diferente al inglés, las películas de habla inglesa son dobladas al idioma autóctono de esos países, lo que trae una mejor aceptación y amplía la demanda. Es muy poca gente la que se aventura a ir a “leer” cine, y en aquellos que dominan el inglés, pues les fastidian los subtítulos. Lo mismo sucede con las peliculas en televisión donde las más vistas son las dobladas.
Los norteamericanos se han dado cuenta del fenómeno, pero siguen mandándonos las subtituladas, lo que probablemente les hace perder público. Creo que no hay más cabeza dura que la de los negociantes majaderos del cine que no se ponen a una para doblar al español (sin acento) para latinoamericanos. En muchos países del mundo es obligatorio doblar la película de idioma extranjero al idioma oficial del país consumidor.
(Quizás este factor fue uno de los que produjo pérdidas a La Fiesta del Chivo, pues probablemente la versión pirateada doblada al español vendió muchísimo más que boletas de cine para verla.)
Me dicen que ya hay cineastas criollos contemplando la posibilidad de hacer películas para vender en dvd, cd, y vcd. Creo que el negocio es posible, si contamos con una buena distribución apoyada por los “mochileros” y excelentes ventas a partir de clientelas de bodegueros de Nueva York (que entiendo son más de 9 mil bodegueros). Pero también está el negocio vía internet. De manera que quien tenga prensa, radio, televisión e inversionistas, es seguro que tendrá éxito; pero por supuesto primero debe disponer de buenas historias y mejores guiones. Público hay por cientos de miles. Por ejemplo, si alguien logra hacer un filme a un costo no mayor de un millón de pesos, puede que gane varios millones más en lucro (existen obras de teatro y otros espectáculos con costos millonarios y que no alcanzan a pagarse si no es con patrocinios).
Pues bien, uno de esos ejemplos palpables es René Fortunato. Quien conoció la realidad económica de este cineasta 25 años atrás, sabe que vivía de un sueldo bajísimo e insultante para su talento y profesionalidad. Hoy es el mayor documentalista del pais y el cineasta con mayor éxito comercial, con una planilla de clientes envidiable y una distribución de sus filmes que es el anhelo de cualquiera de nosotros. Nadie le dio nada, él lo conquistó por sí mismo con trabajo y talento.
De manera que proporcionalmente, DOLLYWOOD es una realidad desde el punto de vista del valor de mercado de las peliculas criollas con relación a las foráneas.
Creo que la mejor manera de describir su impacto es afirmar que las películas nacionales son paradigmas del negocio cinematográfico, independientemente de su calidad artística. Y como paradigmas es que poco a poco se estan convirtiendo en el único negocio posible para las salas de cine.
Pero he aquí que esas películas tienen en común algo verdaderamente interesante y de lo que yo hablaba en artículos anteriores sobre la verdad del arte cinematográfico. Cada una de esas historias, de esas películas dominicanas con excelente éxito de público, tienen como común denominador que más que contar historias son películas sinceras, no la sinceridad de ser auténtico o talentoso, sino por el sentido que realmente importa: la de creer en lo que se está haciendo, de creer en que sus historias son buenas y así las plasman. Esas son las cosas que el público percibe sin necesidad de conocer las claves del cine.
Y eso, solo eso, es lo que impulsa mi admiración hacia todo el que hace cine en este país.
Fuente: Clave Digital
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